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Escala de Braden en pacientes con dolor crónico

Giovana Femat Roldán 7 de mayo de 2025 Servicios

Escala de Braden en pacientes con dolor crónico

Las úlceras por presión, también conocidas como escaras o llagas por decúbito, son lesiones en la piel y en los tejidos subyacentes que aparecen cuando existe una presión prolongada sobre una parte del cuerpo. Este tipo de lesiones se desarrollan con mayor frecuencia en personas que permanecen inmóviles durante largos periodos, como pacientes encamados o en silla de ruedas. Las zonas más propensas a verse afectadas incluyen los talones, las caderas, el sacro y los glúteos.

Estas úlceras no solo son dolorosas, sino que también pueden infectarse, retrasar la recuperación y aumentar el tiempo de hospitalización o tratamiento domiciliario. En pacientes con dolor crónico, especialmente aquellos con movilidad reducida por enfermedades musculares, óseas o neurológicas, el riesgo es aún mayor.

¿Qué es la Escala de Braden?

La Escala de Braden es una herramienta clínica diseñada para valorar el riesgo que tiene un paciente de desarrollar úlceras por presión. Fue creada por las enfermeras Barbara Braden y Nancy Bergstrom y es ampliamente utilizada en hospitales, clínicas de dolor, centros de rehabilitación y cuidados paliativos. 

La escala evalúa seis aspectos clave del estado general del paciente:

  • Percepción sensorial:

Mide la capacidad del paciente para responder de manera adecuada a la incomodidad derivada de la presión. Un paciente que no puede sentir o comunicar el dolor está en mayor riesgo.

  • Humedad:

Evalúa el grado de humedad de la piel, ya que la exposición frecuente a la humedad (por sudoración, incontinencia urinaria o fecal) puede debilitar la piel.

  • Actividad:

Considera el nivel de actividad física del paciente. Las personas que están en cama o usan silla de ruedas tienen más riesgo.

  • Movilidad:

Analiza la capacidad que tiene el paciente para cambiar de posición sin ayuda. A menor movilidad, mayor riesgo.

  • Nutrición:

Evalúa la calidad de la alimentación. Una mala nutrición o desnutrición perjudica la salud de la piel y retrasa la cicatrización.

  • Fricción y deslizamiento:

Se refiere a la posibilidad de que la piel se dañe por roces o movimientos que causen estiramiento o desgarro de los tejidos.

Cada uno de estos parámetros se califica con una puntuación que va de 1 (mayor riesgo) a 4 (menor riesgo), excepto el último ítem, que se califica de 1 a 3. El puntaje total máximo es de 23 y mientras más bajo sea el resultado, mayor es el riesgo de que el paciente desarrolle una úlcera por presión.

¿Cómo usamos la Escala de Braden en la clínica de dolor?

En nuestra clínica de manejo del dolor, la Escala de Braden forma parte de la evaluación integral que realizamos a los pacientes con dolor crónico, sobre todo aquellos que presentan limitación en la movilidad o que están recibiendo tratamiento en cama por periodos prolongados. 

Desde la primera consulta, el personal de enfermería o el equipo médico evalúa el puntaje del paciente en la escala. Esto permite identificar de forma temprana a quienes tienen un riesgo alto y tomar medidas preventivas personalizadas, como:

  • Cambios frecuentes de posición (cada 2 horas en pacientes encamados).
  • Uso de colchones y cojines especiales que distribuyen mejor la presión.
  • Cuidado riguroso de la piel y uso de cremas protectoras.
  • Control de la incontinencia y de la humedad.
  • Supervisión nutricional para asegurar una ingesta adecuada de proteínas, vitaminas y líquidos.
  • Ejercicios pasivos o terapia física para promover la circulación.

Además, el puntaje en la Escala de Braden se reevalúa periódicamente para detectar cualquier cambio en el estado del paciente, especialmente si hay deterioro en la condición general o si el dolor impide el movimiento autónomo. 

Dolor crónico y riesgo aumentado de escaras

Es importante entender que el dolor crónico, por sí mismo, no causa úlceras por presión, pero sí puede convertirse en un factor indirecto de riesgo. Los pacientes que sienten dolor intenso suelen evitar moverse para no intensificar sus molestias. Esta inmovilidad prolongada, si no se monitorea y trata correctamente, puede llevar a una presión sostenida sobre ciertas zonas del cuerpo, favoreciendo la aparición de escaras.

También ocurre que, en personas con dolor neuropático, hay una alteración en la percepción del dolor o la sensibilidad, por lo que podrían no detectar la molestia asociada a una presión mantenida. Esto puede retrasar el reporte de síntomas o impedir que el paciente cambie de posición por sí mismo, lo cual aumenta el riesgo de complicaciones.