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Dolor de espalda tras la rehabilitación, ¿debería preocuparme?

Giovana Femat Roldán 15 de noviembre de 2024 Padecimientos

Dolor de espalda tras la rehabilitación, ¿debería preocuparme?

Los síntomas después de una sesión de rehabilitación resultan preocupantes a muchas personas, por si los dolores que a menudo conllevan pudieran prolongarse más de la cuenta, o por si se hubiera cometido algún error o pudieran padecer alguna lesión. Pero lo cierto es que se trata de algo completamente normal, pues para desbloquear las zonas afectadas por, pongamos por caso, una contractura, la rotura de fibras musculares se hace necesaria para la renovación y regeneración de estas. 

Tras una sesión de tratamiento fisioterapéutico, es normal y habitual sentir dolores en las zonas tratadas.

Los tratamientos fisioterapéuticos más enérgicos llevan a síntomas como la rotura de microfibras musculares, el aumento de la temperatura del cuerpo, o la vasodilatación. Es normal que como pacientes de estas sesiones podamos sentir dolores varios, fundamentalmente agujetas o dolores de la piel en las zonas tratadas (dolores dérmicos), así como una señalada sensación de fatiga muscular. 

Estos dolores son, sin embargo, una señal positiva de que el tratamiento está siguiendo los derroteros adecuados y que, por lo tanto, va a producirse una real y efectiva curación del paciente.

Dolor de espalda

El dolor de espalda es una afección generalmente benigna y autolimitada, de compleja etiopatogenia, en la que desempeñan un importante papel los factores emocionales y sociales. 

Se define como dolor de espalda al dolor de la parte posterior del tronco, del occipucio al sacro. También incluye los procesos dolorosos localizados en zonas cuya inervación corresponde a las raíces o nervios raquídeos (lumbociatalgia, cervicobraquialgia). De todos los dolores de espalda, el más frecuente (70%) corresponde a la zona lumbar.

Según la duración del dolor se puede clasificar en:

•   Agudo: cuando dura menos de 6 semanas.

•   Subagudo: si dura entre 6 semanas y 3 meses.

•   Crónico: el que se prolonga durante más de 3 meses.

•   Recurrente: si se producen episodios agudos sucesivos separados por periodos libres de síntomas de 3 meses de duración.

Si las crisis son frecuentes, más de tres en un año, se puede considerar que el proceso se cronifica.

¿Qué tipos de dolor existen?

Fundamentalmente se suele diferenciar entre tres tipos de dolor, los cuales son característicos de diferentes situaciones fisiopatológicas:

 • Dolor tipo mecánico, es el más habitual; se caracteriza porque se agudiza con el movimiento y disminuye o cede cuando se está en reposo, suele ser de origen inespecífico y habitualmente es autolimitado. Es el tipo de dolor en el cual se podrá hacer mayor abordaje desde la farmacia comunitaria, pues suele ser suficiente los síntomas que el propio paciente manifiesta para su identificación.

• Dolor inflamatorio, no cede en reposo y en algunos casos reaparece o empeora con el descanso nocturno; es característico de afecciones reumáticas o viscerales.

• Dolor neuropático, se trata de un dolor en la zona de los nervios lesionados y puede describirse como un hormigueo o quemazón que se potencia con el roce. Puede irradiar a las extremidades, alterar la sensibilidad y no cede con el reposo; suele aparecer en la neuropatía diabética o en el herpes zóster.

¿Qué causa el dolor de espalda?

El origen del dolor de espalda se encuentra en lesiones, alteraciones o disfunciones de los elementos de la columna vertebral, que incluyen tanto estructuras neurales (médula, raíces y plexos nerviosos) como músculo-esqueléticas y articulares. Puede afectar, por tanto, a la región cervical, dorsal o lumbar.

El 90% de los casos del dolor de espalda, sea cual sea el segmento donde se produce, son de tipo mecánico y su pronóstico es bueno. El dolor de espalda inflamatorio suele presentarse en personas jóvenes, menores de 40 años, con un comienzo gradual y durante más de tres meses. Además, mejora con la actividad, que no así con el reposo; puede provocar que el paciente se despierte durante la noche y la rigidez matutina dura más de 30 minutos y empeora tras largos períodos de inactividad.

Podemos distinguir tres formas genéricas de dolor espinal: el dolor específico relacionado con una enfermedad subyacente, el dolor radicular y el dolor inespecífico.

Clínica del dolor: Diagnóstico del dolor de espalda

Es fundamental realizar una historia clínica adecuada, con una anamnesis que precise las características del dolor, y una exploración que debe comprender tanto los aspectos generales, como los de aparato locomotor y neurológicos.      Debe precisarse el ritmo y la forma de aparición del dolor, la duración de éste, si han existido o no episodios previos, qué factores agravan el dolor y cuáles lo mejoran, incluyendo los tratamientos previos y su grado de efectividad. En la exploración además de valorar la presencia de contracturas, limitaciones a la movilidad, deformidades vertebrales y puntos de mayor dolor debe hacerse una exploración neurológica de los miembros inferiores.

Por tanto, la exploración clínica se fundamenta primero en la valoración del estado general y una exploración general incluyendo auscultación cardíaca y palpación abdominal.