Dolor después de una caída, ¿es un problema neurológico?
Giovana Femat Roldán 16 de octubre de 2024 Padecimientos

Cuando una persona experimenta dolor en todo un lado del cuerpo tras una caída, es importante realizar una evaluación completa para determinar la causa exacta del dolor. En la clínica del dolor, se aborda esta situación desde diferentes ángulos, ya que puede haber múltiples causas, algunas de las cuales pueden estar relacionadas con problemas neurológicos.
Uno de los factores más importantes a considerar es si el dolor es consecuencia de un trauma directo, como una fractura, una dislocación o una lesión en los músculos o ligamentos. Sin embargo, si la caída provocó algún daño en el sistema nervioso, como un nervio comprimido, una lesión en la médula espinal, o incluso un accidente cerebrovascular secundario a la caída, entonces el dolor podría tener una base neurológica.
Un dolor que afecta solo un lado del cuerpo también podría estar relacionado con una neuropatía o daño en los nervios, lo que puede causar síntomas como hormigueo, debilidad o adormecimiento en el lado afectado. Si hubo una lesión en la cabeza o en la columna vertebral durante la caída, la posibilidad de daño neurológico aumenta, ya que el cerebro y la médula espinal controlan la función sensorial y motora de los diferentes lados del cuerpo.
Es recomendable que un especialista en neurología y dolor realice una evaluación física detallada y posiblemente solicite estudios de imagen como una resonancia magnética o una tomografía computarizada, para identificar si hay algún compromiso neurológico, como una hernia discal, contusiones cerebrales, o una compresión de nervios.
Es fundamental que, ante cualquier dolor persistente o progresivo, se acuda a una evaluación médica temprana para determinar si se requiere una intervención específica para evitar complicaciones.
¿Cuáles serían los síntomas de que tiene una raíz neurológica
Cuando se habla de una «raíz neurológica», generalmente se hace referencia a la compresión o irritación de una raíz nerviosa, que es la parte inicial de un nervio que sale de la médula espinal. Esto puede ocurrir debido a diversas condiciones, como una hernia discal, estenosis espinal, o la presencia de osteofitos (crecimientos óseos) que ejercen presión sobre la raíz nerviosa. Los síntomas de una afección que involucra la raíz nerviosa varían según el nervio afectado, pero tienden a seguir un patrón característico. A continuación, se detallan los síntomas más comunes que pueden indicar un problema de origen neurológico en las raíces nerviosas:
1. Dolor radicular (radiculopatía)
Este es uno de los síntomas más frecuentes. El dolor suele ser agudo, punzante o lancinante, y sigue el trayecto del nervio afectado. Por ejemplo:
- Lumbociática: Si la raíz nerviosa afectada está en la parte baja de la columna, el dolor puede irradiarse desde la zona lumbar hacia la pierna, siguiendo el trayecto del nervio ciático.
- Cervicobraquialgia: Si la afectación está en el cuello, el dolor puede irradiarse hacia el brazo y la mano.
Este dolor tiende a empeorar con ciertos movimientos, como inclinarse hacia adelante, toser, estornudar o levantar objetos.
2. Parestesias (hormigueo o adormecimiento)
El paciente puede experimentar sensaciones anormales en la piel, como hormigueo, entumecimiento o «alfileres y agujas». Estas sensaciones suelen localizarse en la región del cuerpo que está inervada por la raíz nerviosa afectada. Por ejemplo, una compresión en la raíz nerviosa lumbar puede generar hormigueo en los pies o en las piernas, mientras que una raíz cervical puede producir estas sensaciones en los brazos o las manos.
3. Debilidad muscular
Si la compresión de la raíz nerviosa afecta los nervios motores que inervan los músculos, es posible que se presente debilidad en ciertos grupos musculares. Esta debilidad será evidente en los músculos controlados por la raíz nerviosa afectada, como en el caso de:
- Lumbalgia con radiculopatía: Debilidad en los músculos de las piernas.
- Radiculopatía cervical: Debilidad en los músculos de los brazos o manos.
4. Reflejos reducidos o ausentes
Los reflejos profundos, como el reflejo rotuliano (en la rodilla) o el reflejo aquiliano (en el tobillo), pueden estar disminuidos o ausentes en presencia de una radiculopatía. Esto ocurre porque la raíz nerviosa comprometida no puede enviar correctamente la señal al músculo para provocar el reflejo.

5. Sensibilidad alterada
Puede haber una pérdida de sensibilidad o una alteración en la percepción del tacto en la región de la piel inervada por la raíz nerviosa afectada, lo que se conoce como dermatoma. Cada raíz nerviosa está asociada con una región específica de la piel, por lo que el médico puede determinar qué raíz nerviosa está comprometida al evaluar la distribución de los síntomas sensoriales.
6. Cambios en el control motor fino
En algunos casos, la compresión de una raíz nerviosa que afecta a los nervios motores puede provocar dificultades para realizar movimientos precisos, como agarrar objetos pequeños, escribir o usar herramientas, especialmente si se ven afectadas las raíces nerviosas cervicales que inervan las manos y los dedos.
7. Dolor que empeora con determinadas posiciones o actividades
El dolor radicular generalmente se intensifica con actividades que aumentan la presión sobre la raíz nerviosa, como estar sentado por largos períodos, caminar largas distancias, o realizar movimientos que impliquen la torsión o extensión de la columna.
8. Alteración en la postura
Debido al dolor y la debilidad muscular, los pacientes pueden adoptar una postura antálgica (postura anormal para evitar el dolor) que puede empeorar la alineación corporal y causar otros problemas secundarios.
¿Qué hacer si se presentan estos síntomas?
Si una persona experimenta alguno de estos síntomas, es esencial realizar una evaluación médica completa. Un neurólogo o especialista en dolor puede solicitar estudios de imagen, como una resonancia magnética o una tomografía computarizada, para confirmar si hay compresión en alguna raíz nerviosa. Además, se pueden realizar pruebas neurológicas específicas, como el examen de reflejos, sensibilidad y fuerza muscular, para identificar la raíz afectada.
En la clínica del dolor, el tratamiento puede incluir opciones conservadoras como fisioterapia, medicamentos antiinflamatorios o analgésicos, bloqueos nerviosos, y en casos más graves, opciones quirúrgicas para aliviar la presión sobre la raíz nerviosa afectada.
